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Analfabetismo y rezago educativo: Alerta ante la simulación.

Horacio Erik Avilés Martínez*

El flagelo del rezago educativo.

El rezago educativo es un flagelo que ata a las personas a la pobreza, las inmoviliza socialmente, las condena a la marginación, las impele a emigrar y hasta les arrebata años enteros de esperanza de vida. Sin educación, las oportunidades se cierran, el futuro se ensombrece, los derechos se reducen a letra muerta y la dignidad misma se ve vulnerada.

El rezago educativo se define como la condición de quienes, teniendo 15 años o más, no han concluido la educación básica, es decir, preescolar, primaria y secundaria. Este indicador evidencia brechas estructurales de acceso a derechos y servicios, como a un ingreso remunerador, a seguir ejerciendo el derecho a la educación, vivir mejor el derecho a la salud, al libre tránsito y poder defenderse en la vida.

El analfabetismo: la opresión educativa suprema.

El analfabetismo, la expresión más cruenta del rezago, es definido por el INEGI como la incapacidad de leer o escribir un recado en una persona de 15 o más años. En esa situación se encuentran 4 millones 456 mil 431 personas de un total de 89 millones 320 mil 723 personas en México.

En Michoacán, INEGI contabilizó en 2020, entre la población mayor de 15 años a 242 mil 339 personas en condición de analfabetismo. Paralelamente, contabiliza a 271,828 personas sin escolaridad, a 441,222 personas con primaria incompleta, a 581,264 con primaria terminada, a 162,602 con secundaria incompleta, todos los cuales suman 1 millón 456 mil 916 personas en situación de rezago educativo.

El censo reportó 3 millones 446 mil 992 personas mayores de 15 años. Entonces, el porcentaje de rezago educativo es el cociente es de 42.26 por ciento, es decir, tres de cada siete pobladores de Michoacán de 15 años y más.

Además, existe la categorización de analfabetismo funcional, cuando una persona sabe leer y escribir frases simples, pero no puede comprender textos o realizar operaciones necesarias para la vida cotidiana.

En éstas aún no profundiza el sistema educativo nacional, lo que sin duda será una tarea ingente para el mediano plazo. Pero, para tener una noción basta con rememorar los resultados del Módulo de Lectura del INEGI (MOLEC), que en abril de 2024 informó que apenas el 69. 6 por ciento de los encuestados declaró leer. De ellos, solo el 41.8 por ciento leen libros, y de entre este grupo, apenas el promedio es de 3.2 libros anuales. De ese tamaño es el reto, tanto para impulsar la lectura como para adaptar los contenidos a nuevas formas de informarse, recrearse y aprender de los mexicanos.

Según resultados del MOLEC, el porcentaje de población lectora disminuyó 14.6 puntos porcentuales entre 2015 (84.2 %) y 2024 (69.6 %). No obstante, respecto al dato de 2023 se observa un ligero aumento de 1.1 puntos porcentuales. Sin embargo, sin dar explicaciones, en este año, el MOLEC no presentó sus resultados en el marco del Día Internacional del Libro y la Lectura, el 23 de abril, sino que lo hará hasta el 18 de noviembre. Mientras tanto, la realidad a nivel nacional y estatal prosigue.

Paralelamente, además de los estancamientos y rezagos en materia de comprensión lectora encontrados entre sus ediciones del año 2000 y la de 2000 se suma el pasmoso hallazgo de la Prueba PISA 2022, donde 98 de cada 100 jóvenes connacionales de 15 años no supieron distinguir claramente una opinión de una evidencia … y hoy ya son ciudadanos mexicanos, mayores de edad, con licencia de conducir y con sus derechos plenamente activos.

Dimensionemos la importancia de saber leer y escribir, también por ingresos. De acuerdo con INEGI (2020) las personas que tienen por mucho la primaria completa ganan en promedio $5,705.00 pesos mensuales; quienes tienen como máximo secundaria completa perciben $7,991.00 pesos mensuales; quienes tienen bachillerato concluido a lo sumo ganan $9,516.00 pesos mensuales; quienes tienen una carrera universitaria terminada como máximo perciben 16,649 pesos mensuales y quienes concluyeron un posgrado obtienen $35,471 pesos mensuales.

Habiendo sopesado la situación, también podemos proyectar la gravedad de que un gobierno simule alfabetizar a las personas, sin realizarlo. Es un engaño profundamente perverso, concebido para proyectar efectividad gubernamental, para mantener en la ignorancia clientelar a los gobernados, para desviar recursos, para sostenerse en el poder o un poco de todas las anteriores.

Por ello, es preciso narrar el caso de amnesia colectiva más grande de la historia: 202 mil personas olvidaron sus habilidades de lectoescritura mágicamente, ante la falta de libros, bibliotecas, revistas y elementos que les permitieran reforzar sus aprendizajes en sus comunidades michoacanas, entre 2005 y 2010; claro, de acuerdo con la “verdad histórica” del gobierno michoacano.

Así de irónica es la reducción al absurdo de un gran fraude de la alfabetización simulada. Veamos: entre 2004 y 2008, el Gobierno de Michoacán implementó el programa “Alfa TV – Yo sí puedo”, una estrategia de supuesta alfabetización basada en el método cubano “Yo sí puedo”. Se aseguraba que más de 257 mil personas fueron alfabetizadas, colocándose “banderas blancas” en 107 de los 113 municipios, símbolo de que el analfabetismo había sido abatido a menos del 4%.

Pero en 2011, el Censo de Población y Vivienda 2010 desmintió la narrativa oficial. El analfabetismo persistía en niveles cercanos al 90% en algunas comunidades alejadas del estado, sumando 305 mil 178 personas prevalentes en esta indignante condición. No se trató de un error, sino de una estrategia deliberada de simulación con fines propagandísticos, financieros y políticos. Como documentamos desde el capítulo Michoacán de Mexicanos Primero en 2011, el programa fue un escándalo de fraude educativo.

Peor aún, la apología vertida por un funcionario que aseveró que la mayoría de las personas, como eran adultos mayores “no querían aprender” no solo fue discriminatoria, sino eugenésica: una negación activa del derecho a aprender, por edad. Indagaciones posteriores demostraron que, hubo muchas personas que fueron reportadas como alfabetizadas a quienes incluso se les otorgó un certificado de conclusión de la educación primaria, pero en realidad no sabían leer.

Se trató de una simulación estructurada. Se llenaron registros y certificados mecánicamente, se reportaron “egresos” sin verificación externa, se inflaron cifras, y se desactivó la fiscalización social.

La historia se repite

Lo grave es que, en 2025, la historia parece repetirse. De nuevo, se plantea la posibilidad de abatir el analfabetismo a cifras mínimas, ahora sin evidencia pública de diagnósticos previos, sin auditorías externas y con escasa transparencia en los criterios de evaluación. Las promesas son rápidas.

 La SEP y el INEA (Instituto Nacional para la Educación de los Adultos) han relanzado una narrativa similar. Según comunicados oficiales, el instituto ha firmado acuerdos de colaboración con Cuba para intercambiar experiencias de alfabetización y replicar nuevamente el método “Yo sí puedo” en diversas regiones del país, como se destaca en su boletín de marzo de 2024. En diciembre de 2024, el gobernador de Chiapas anunció la reedición de Alfa Tv, Yo Sí Puedo con el objetivo de “alfabetizar a más de 512.000 personas”.

En abril de 2025, se señaló que “se fortalece la Estrategia Nacional para la Alfabetización, impulsada por el Gobierno de la Presidenta”.

Las cifras son de proporciones bíblicas: el titular de la SEP mencionó que “alfabetiza, durante el mes de abril, a 456 mil 163 jóvenes y adultos de todo el país mediante los servicios educativos gratuitos que ofrece el INEA”, para cumplir con la meta nacional de erradicar el analfabetismo en 2026, denominada “México Libre de Analfabetismo”.

El fantasma de la simulación está gravitando en torno al analfabetismo nuevamente. Veamos: si el Censo de 2020 reportó 4 millones 456 mil 431 personas en situación de analfabetismo, sólo en abril de este año se estuvieron atendiendo al 10.23 % de ellos.

Recordando que, el proceso dura 192 horas de trabajo en aula con una carga semanal mínima de 8 horas; es decir, 24 semanas de clases o 6 meses, de acuerdo con el INEA. Entonces implicaría que, en un periodo máximo de 58 meses se conseguiría alfabetizar a todas las personas que el Censo 2020 reportó en situación de analfabetismo al ritmo que se aduce está avanzando el proceso.  Pero, para lograrlo en 2026, se requeriría alfabetizar a la tercera parte de las personas analfabetas cada semestre: es decir, 1.5 millones de personas a la vez. Suena titánico. ¿Con qué recursos?

Más aún, hay que tener en cuenta que, en el Censo de 2010, había aproximadamente 5.4 millones de personas en situación de analfabetismo en México.  El avance, combinado con efectos sociodemográficos fue reducir en 900 mil personas en una década entera.

Mismos actores, mismas instituciones, mismos programas y mismo discurso apuntando hacia donde mismo difícilmente puede anunciar resultados diferentes. Urge atención e intervención a fondo por parte de la Presidenta de la Educación -Claudia dixit-.

Hoy, como en el Michoacán en 2008, se privilegia la narrativa del éxito inmediato sobre la construcción de capacidades duraderas, el efectivismo y las métricas elevadas por encima de los recursos disponibles para lograr una proeza educativa.

Detrás de ello se asoman los fantasmas de la propaganda sobre la pedagogía, de la simulación sobre la acción sostenida y de la fantasía electorera sobre la verdad social.

¿Y Michoacán ya resolvió el rezago educativo?

En julio de 2025, la Secretaría de Educación en el Estado de Michoacán declaró que la escolaridad promedio del estado había pasado de 7.7 años a 9.0 años, con base en una proyección que difunde el Sistema de Información y Gestión Educativa (SIGED) de la SEP. Un salto que, de ser real, representaría un avance extraordinario en corto tiempo.

No obstante, tal afirmación está basada en proyecciones, no en datos censales. A la fecha, no hay evidencia demoscópica que respalde ese incremento. Y aunque el anuncio se hizo con intenciones celebratorias, recuerda demasiado al optimismo artificioso de los gobiernos anteriores.

Partamos de que, la escolaridad promedio entre las personas de 15 años y más que declaró el INEGI con base en el Censo Nacional de Población y Vivienda (2020) en Michoacán fue de 8.6 años.

Las proyecciones que realizan las dependencias suelen estar inmersas en controversia. Por ejemplo, respecto a rezago educativo, regresemos con el INEA, organismo que prospectó lo siguiente:

En 2020: de 3,501,667 habitantes de 15 años y más, había 240,904 personas analfabetas y 1,479,282 en rezago educativo, estando ubicados en cuarto lugar nacional.

Es decir, el INEA estimó fallecidas, desaparecidas, emigradas o incluso alfabetizadas a mil 435 personas entre abril y el 31 de diciembre de 2020, respecto a la cifra que sí contó INEGI, la cual fue de 242 mil 339.  Más aún, contrastando, nos damos cuenta de que la estimación de INEA nacional es ambigua, toda vez que el censo reportó 3 millones 446 mil 992 personas mayores de 15 años, aquí hay 55 mil personas más. En cuanto a rezago educativo, el censo contó 1 millón 456 mil 916 personas en situación de rezago educativo: aparecen 22 mil personas más.

Todo lo anterior, en estimaciones de este sistema del INEA, ubicado en su portal electrónico.

Proseguimos. En 2021: 3,527,652 personas mayores de 15 años, había 234,468 personas analfabetas y 1,490,246 personas en rezago educativo. 

En 2022: 3,576,155 personas mayores de 15 años, había 230,110 personas analfabetas y 1,493,497 personas en rezago educativo, subiendo al segundo lugar nacional.

En 2023; 3,625,345 personas mayores de 15 años, habiendo 226,690 personas analfabetas y 1,503,645 personas en rezago educativo.

En 2024; 3,674,345 personas mayores de 15 años, habiendo 223,562 personas analfabetas y 1,492,114 personas en rezago educativo, sosteniéndose en segundo lugar nacional.

En términos porcentuales, de acuerdo con el INEA, Michoacán ocuparía al 31 de diciembre de 2024 un deshonroso segundo lugar en el mayor porcentaje de personas mayores de quince años que no terminaron su educación básica respecto al total, con un 40.6 por ciento, sólo por debajo de Chiapas, con 45.3%.

Nótense el cúmulo de inconsistencias entre los datos censales de INEGI respecto a las proyecciones de INEA y del SIGED. ¿Con 1.49 millones de personas en rezago educativo en 2024, respecto a 1.45 del Censo de 2020 hay algo qué celebrar?

Y si a esto aunamos las muertes en exceso por la pandemia, la migración, el desplazamiento forzado, los homicidios, las desapariciones y el descenso de la tasa de natalidad, resulta complejísimo aseverar que se haya suscitado un incremento como tal sin hacer un estudio demoscópico en campo.

La declaración incluye un dato clave: significaría que se ha reducido el rezago educativo, sin necesidad de campañas masivas ni reingeniería del sistema educativo. Solo con estadísticas proyectadas.

Pero las matemáticas de la esperanza necesitan sustento demográfico. El INEGI aún no realiza ni publica un nuevo censo. Como en el pasado, se trata de un triunfalismo basado en proyecciones, no en política pública efectiva. El silencio también es cómplice.  Cosechar lo que no se sembró es oportunismo. Simular que se sembró, es corrupción.

El problema no es solo que se repita la narrativa, sino que se haga con conocimiento de causa, ignorando deliberadamente el precedente michoacano. Sin embargo, hay grandes lecciones aprendidas al respecto, hay muchas áreas de oportunidad y es tiempo de más bien apuntar hacia caminos certeros, efectivos, probados y transparentes para desarrollar una mejor política de alfabetización y combate al rezago educativo.

Por lo anterior, se realiza un decálogo de propuestas de política pública para combatir el rezago educativo y el analfabetismo.

  1. Censo educativo territorial y participativo: realizar un levantamiento nacional casa por casa, validado por organizaciones sociales y universidades, para conocer el rezago real y no solo proyectado. Así también, realizar estudios demoscópicos independientes y presenciales para triangular periódicamente el estado que guardan el analfabetismo y el rezago educativo real en cada región.
  2. Alfabetización con enfoque territorial: crear brigadas comunitarias que adapten los contenidos a la lengua, cultura y condiciones sociales de cada grupo, con equipos territoriales permanentes con promotores locales formados, que trabajen con metodologías pertinentes en lengua materna y contexto social.
  3. Educación andragógica con certificación progresiva: con metodologías adaptadas para personas mayores de edad, con materiales y horarios al mundo adulto, incluyendo validación de saberes previos y certificación modular, con énfasis en respeto, autonomía y utilidad práctica de lo aprendido.
  4. Auditoría a programas anteriores: abrir investigaciones a fondo sobre los recursos, cifras y resultados del programa “Yo sí puedo”, con sanciones si se demuestra simulación.
  5. Prevención del abandono escolar: identificar a estudiantes en riesgo, reforzar los apoyos económicos, socioemocionales y logísticos para que permanezcan en el sistema escolar, con énfasis en fortalecer la educación básica, con apoyos a estudiantes en riesgo de abandono escolar, especialmente en educación básica.
  6. Digitalización incluyente: crear plataformas educativas móviles accesibles, con contenidos enfatizados en la alfabetización, asegurando conectividad y dispositivos en zonas marginadas y dirigidos para personas con bajos niveles de literacidad.
  7. Programas laborales-educativos: vincular la alfabetización con habilidades laborales para fomentar su utilidad inmediata, creando rutas de alfabetización que concluyan en certificación de habilidades laborales reconocidas por el sector productivo.
  8. Alianzas con universidades y normales: involucrar a jóvenes estudiantes como alfabetizadores de comunidades marginadas.
  9. Transparencia y datos abiertos: publicar avances, metas, evaluaciones externas y padrones verificables de personas alfabetizadas, a través de una plataforma digital de seguimiento público de personas en proceso de alfabetización, con informes independientes.
  10. Campañas culturales permanentes: dignificar el acto de aprender a leer y escribir en la edad adulta, combatiendo estigmas y promoviendo historias de éxito, a través de medios, testimonios y actividades comunitarias.

Un llamado a la acción

Alfabetizar no es una tarea para la foto, ni un logro de sexenio. Es una obligación ética, histórica, democrática y educadora.

La alfabetización debe dejar de ser promesa electoral y convertirse en pacto nacional. Desde hoy y para siempre, debemos luchar por una educación que no simule, que no discrimine, que no repita errores, que no mienta, que no oculte, que no calle.

El derecho a aprender no tiene edad, ni condición social, ni fecha de caducidad. La educación no es una utopía: es una urgencia.

La alfabetización no puede seguir siendo un botín político. Debe ser un compromiso permanente, transversal, con voluntad política y presupuesto sostenido. Simular logros es traicionar la esperanza de millones. Necesitamos políticas valientes, sensibles y verificables.

La sociedad debe asumir su memoria: quien calla ante la mentira, consiente la farsa. Alfabetizar no es repartir diplomas, sino construir capacidades. No es simular inclusión, sino garantizar derechos. No es pintar banderas blancas, sino sembrar justicia educativa. ¡Los derechos educativos no tienen edad de caducidad, son para toda la vida!

Y, sobre todo, necesitamos que las personas se sumen. Que quienes no tuvieron la oportunidad de estudiar, se atrevan a volver a aprender. Que sepan que nunca es tarde, que nadie está excluido por su edad, su género, su lugar de origen o sus circunstancias.

Aprender a leer y escribir no es una meta individual: es una llave que abre puertas colectivas. Estudiar transforma no solo la mente, sino el destino. Por eso, si tú que lees esto tienes un familiar, un amigo, un vecino que no sabe leer, invítalo a aprender. Si eres adulto y no terminaste la primaria, busca una opción: están tus derechos de por medio.

Desde el monitoreo e investigación aplicada que hacemos en el capítulo Michoacán de Mexicanos Primero y a través de los medios de comunicación que nos brinda espacio desde 2009 podemos decirlo: ya lo descubrimos una vez, ya lo visibilizamos con anterioridad; hoy obran las evidencias públicas del riesgo en que nos encontramos, para que este llamado a tiempo se tome en cuenta y nunca más se simule educación, ni alfabetización para persona alguna en este país.

Sirva la presente entrega como una alerta temprana antes de que la simulación, la corrupción y la propaganda nos inunden.

La educación es de hoy y para siempre. ¡Por una alfabetización justa, verdadera, transformadora!

Sus comentarios son bienvenidos en eaviles@mexicanosprimero.org y en Twitter en @Erik_Aviles

*Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C

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