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México, un cuarto de siglo estancado: PISA 2000 – 2025

Horacio Erik Avilés Martínez

Cada tres años, cuando llegan los resultados de PISA, México pasa por el mismo ritual: titulares alarmistas, un par de días de indignación en redes sociales y, después, silencio. La entrega 2025 del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos, publicada por la OCDE, no rompe ese patrón.

Pero los números que trae merecen algo más que una temporada en la agenda pública, con noticias, opiniones y reacciones, porque describen a una generación entera de adolescentes que, un cuarto de siglo después de que México se sumara por primera vez a esta prueba, sigue sin dominar las competencias mínimas para leer, razonar matemáticamente y pensar científicamente en el mundo que le tocó vivir.


De dónde venimos: 2000, 2022 y 2025 en una misma línea. Para entender la dimensión del problema hay que mirar la trayectoria completa, no solo la fotografía más reciente.

  • PISA 2000 (primera participación de México): 422 puntos en lectura, 422 en ciencias y 387 en matemáticas.
  • PISA 2022 (tras la pandemia): 415 en lectura, 410 en ciencias y 395 en matemáticas.
  • PISA 2025 (la entrega más reciente): 408 en lectura, 414 en ciencias, 388 en matemáticas, y 453 en el nuevo dominio de resolución de problemas computacionales.

El balance de 25 años es brutal en su sobriedad: lectura cayó 14 puntos, ciencias 8, y matemáticas prácticamente no se movió (+1 punto, una diferencia sin significado estadístico real).

Y el tramo más reciente, 2022-2025, tampoco trae alivio: pese a un leve repunte en ciencias (+4 puntos), lectura y matemáticas retrocedieron 7 puntos cada una.

Es decir, el sistema educativo mexicano no solo no ha logrado despegar en un cuarto de siglo: en el último trienio volvió a caer justo en las dos competencias que sostienen todo lo demás: leer con comprensión y razonar cuantitativamente.

Es importante destacar algunas implicaciones de los resultados y comparativos al respecto.

1) Retroceder 14 puntos en lectura (2000-2025): ¿a quién nos acercamos y a quién nos alejamos, y cuánto tardaríamos en llegar al último lugar mundial?

En el año 2000, con 422 puntos en lectura, México estaba en un rango comparable al que hoy ocupan países como Costa Rica, con 416; Serbia, con 415 o Montenegro, con 418: un nivel medio-bajo, pero no de cola.

Veinticinco años después, con 408 puntos, México quedó empatado con Brasil y Albania, y ya roza a países como Moldova (404) o Colombia (399).

Es decir: no es que México se haya “quedado igual mientras otros avanzaban”; es que descendió un peldaño completo en la jerarquía mundial de lectura, del grupo de los “medianamente bajos” al grupo de los que están claramente por debajo del promedio de la OCDE, de 461 y cada vez más cerca del bloque de países con desempeños entre 380 y 400 puntos, como Malasia, Vietnam, Tailandia o Perú.

Nos alejamos, en cambio, de países con los que en 2000 competíamos más de cerca y que hoy están muy por delante, como Turquía, con 472 o Polonia con 482, que sí lograron sostener o mejorar su nivel lector en el mismo periodo.

En cuanto al último lugar: hoy el puesto más bajo en lectura lo ocupa Ruanda, con 301 puntos de un total de 90 países y economías con datos comparables en 2025. La distancia entre México (408) y ese último lugar es de 107 puntos.

Si México siguiera cayendo a un ritmo de 14 puntos cada 25 años, 0.56 puntos por año, tardaría aproximadamente 190 años en llegar al nivel actual del último lugar del mundo. Es un ejercicio hipotético y lineal, porque en la realidad ni México caería para siempre al mismo ritmo ni Ruanda se quedaría inmóvil, pero ilustra que la tendencia, aunque alarmante, no es todavía una caída en picada; es un deterioro lento y sostenido, que es justamente el tipo de problema que más fácil se ignora porque no genera una crisis visible de un año a otro.

2) Retroceder 8 puntos en ciencias (2000-2025): ¿a quién nos acercamos y de quién nos alejamos, y cuánto tardaríamos en llegar al último lugar?

Con 422 puntos en ciencias en el año 2000, México estaba en la misma liga que hoy ocupan Georgia, con 422 o Moldova, también con 422. Con 414 puntos en 2025, México cayó al terreno donde hoy está Colombia, con 414, empate exacto, muy cerca de Malasia, que tiene 419 por arriba y de Arabia Saudita, con 413 o Chipre con 411, pero por abajo.

El patrón es parecido al de lectura: no un colapso, sino un desplazamiento gradual hacia el tercio inferior de la tabla, en el lugar 63 de 91 sistemas educativos evaluados. Nos alejamos de sistemas que en 2000 tenían un nivel científico similar al mexicano y hoy están notablemente arriba, como Polonia, con 495 o Portugal, con 482, que sí lograron consolidar mejoras.

El último lugar mundial en ciencias hoy es Ruanda, con 317 puntos; la distancia con México, en 414 es de 97 puntos. A un ritmo de 8 puntos perdidos cada 25 años, de 0.32 puntos por año, México tardaría aproximadamente 303 años en converger con el desempeño actual del último lugar del mundo. De nuevo, es una proyección mecánica, solo para dimensionar la velocidad del deterioro, no una predicción real de que eso vaya a pasar literalmente.

3) Crecer apenas 1 punto en matemáticas (2000-2025): ¿de quién nos acercamos o alejamos, y cuánto tardaríamos en llegar al primer lugar mundial?

Este es, en cierto sentido, el hallazgo más incómodo de los tres, porque un crecimiento de 1 punto en 25 años equivale estadísticamente a “no hubo ningún cambio real”: la diferencia no tiene significancia.

En 2000, con 387 puntos, México estaba cerca del nivel que hoy tienen Perú, con 382 o Costa Rica, con 387 puntos.

En 2025, con 388 puntos, México sigue prácticamente en el mismo sitio, empatado con Jordania, que tiene 388 puntos también y apenas por debajo de Arabia Saudita, que tiene 390; ocupa el lugar 65 de 91 sistemas.

No nos acercamos ni nos alejamos de nadie relevante: nos quedamos fijos mientras el mundo entero se movió a nuestro alrededor. Países que en 2000 tenían niveles de matemáticas parecidos a los de México, como Uruguay, que en 2003 rondaba niveles similares o incluso Brasil, hoy están en trayectorias distintas.

El primer lugar mundial en matemáticas hoy lo ocupa el bloque B-S-J-Z de China: Beijing, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang, con 612 puntos. La distancia entre México, 388 y ese primer lugar es de 224 puntos.

Si México siguiera “creciendo” a razón de 1 punto cada 25 años (0.04 puntos por año), tardaría aproximadamente 5,600 años en alcanzar el nivel que hoy tiene el sistema educativo líder del mundo. El número es deliberadamente absurdo, y esa es precisamente la razón para usarlo: sirve para mostrar, en términos que cualquiera puede entender de un vistazo, que la trayectoria actual de México en matemáticas no es una trayectoria de mejora lenta, sino de estancamiento puro disfrazado de progreso marginal.

4) Crecer 1.33 puntos por año en ciencias (el ritmo 2022-2025): ¿cuánto tardaríamos en llegar al primer lugar mundial así?

Aquí el panorama cambia bastante, y vale la pena destacarlo porque es el único de los cuatro escenarios con un resultado relativamente alentador. El repunte de ciencias entre 2022 y 2025 fue de 4 puntos en tres años, es decir, 1.33 puntos por año, un ritmo más de 4 veces más rápido que el promedio histórico de 25 años, 0.32 puntos por año) calculado anteriormente. El primer lugar mundial en ciencias hoy es el bloque B-S-J-Z de China, con 597 puntos; la distancia con México que tiene 414 es de 183 puntos. A un ritmo constante de 1.33 puntos por año, México tardaría aproximadamente 138 años en alcanzar el nivel que hoy tiene el líder mundial en ciencias. Sigue siendo una cifra que en términos prácticos equivale a “nunca” para efectos de política pública real, pero es notablemente menor que los más de 300 años que arrojaría el ritmo histórico de largo plazo, y muestra algo importante: cuando hay una mejora sostenida y deliberada, así sea modesta, el tiempo para cerrar brechas se reduce de forma muy significativa.

El reto real no es lograr un repunte de un trienio, sino sostenerlo durante varias rondas consecutivas de PISA, algo que México no ha logrado hacer ni una sola vez en los 25 años que lleva participando en la prueba.

Partamos por identificar al menos diez hallazgos que México no puede seguir ignorando:

  1. Un cuarto de siglo de estancamiento, no de progreso. Comparado con el año 2000, México aprende hoy menos a leer, con -14 puntos y prácticamente igual en matemáticas, con +1 punto, pese a 25 años de reformas, planes y programas educativos sucesivos, así como billones y billones de pesos gastados en el sistema educativo nacional.
  2. Recaída en el trienio más reciente. Entre 2022 y 2025, lectura y matemáticas cayeron; solo ciencias mostró una mejora modesta y estadísticamente positiva.
  3. Casi 42 de cada 100 estudiantes no alcanzan el nivel mínimo en ninguna materia. El 41.8% de los adolescentes mexicanos evaluados está por debajo del nivel básico de competencia, el nivel 2 en ciencias, lectura y matemáticas simultáneamente: no pueden usar lo aprendido para resolver problemas cotidianos.
  4. La excelencia es casi inexistente. Apenas el 0.5% de los estudiantes mexicanos alcanza los niveles más altos de desempeño (5 o 6) en al menos una materia, frente a cifras varias veces mayores en países comparables de la región y muy por debajo del promedio de la OCDE. El país no solo tiene un problema de piso; tiene un techo casi inexistente.
  5. La desigualdad socioeconómica sigue siendo el mejor predictor del aprendizaje. El nivel socioeconómico explica cerca del 12% de las diferencias de desempeño entre estudiantes mexicanos, y la brecha entre alumnos aventajados y desfavorecidos (68 puntos) no se redujo entre 2022 y 2025: se mantuvo exactamente igual.
  6. Una brecha de género atípica y alarmante en ciencias. Mientras las niñas mexicanas superan a los niños en lectura (+12 puntos) y los niños las superan en matemáticas (+16) —patrones más o menos globales—, México aparece entre los países con la mayor brecha de género en bajo desempeño científico: las adolescentes mexicanas tienen entre 6 y 10 puntos porcentuales más probabilidad que los varones de no alcanzar el nivel mínimo en ciencias, uno de los patrones más marcados del mundo junto con Kenia.
  7. Rezago digital estructural en las aulas. La capacidad de las escuelas mexicanas para aprovechar pedagógicamente los dispositivos digitales está entre las más bajas de las economías evaluadas (índice de -0.76), muy por debajo de países con niveles de desarrollo similares.
  8. Uso masivo de inteligencia artificial sin acompañamiento pedagógico. El 47.4% de los estudiantes mexicanos usa IA al menos semanalmente para aprender, pero apenas el 24.2% reporta que sus compañeros no se distraen con dispositivos digitales durante la clase de ciencias: la tecnología llegó a las aulas antes que las reglas y la capacitación docente para aprovecharla.
  9. Una fortaleza relativa que el sistema no está capitalizando. En el nuevo dominio de resolución de problemas computacionales, México obtuvo 453 puntos, un resultado relativamente mejor que sus puntajes en ciencias, lectura o matemáticas. Hay una habilidad digital latente entre los adolescentes mexicanos que el currículo formal no está desarrollando ni canalizando.
  10. Escuelas con carencias básicas de personal y materiales. Solo el 36.7% de los estudiantes asiste a escuelas sin escasez de docentes y apenas el 29.5% a escuelas sin escasez de materiales didácticos: siete de cada diez planteles mexicanos operan con carencias materiales que anteceden cualquier discusión sobre método pedagógico.

Las consecuencias: esto no se queda en el salón de clases. Los efectos de estos hallazgos desbordan el ámbito educativo. Estamos ante una generación donde cuatro de cada diez jóvenes no alcanza competencias básicas es una generación con menor productividad futura, menor capacidad de adaptarse a un mercado laboral que exige cada vez más pensamiento crítico y menos tareas rutinarias, y mayor vulnerabilidad frente a la desinformación; el propio reporte de la OCDE advierte que, a nivel global, se deterioraron justamente las habilidades lectoras más necesarias en la era de la inteligencia artificial: evaluar información, cruzar fuentes y pensar críticamente. La brecha socioeconómica que no cede significa que la escuela, lejos de ser el gran igualador social que promete ser, está reproduciendo la desigualdad de origen de cada estudiante. Y la brecha de género en ciencias, con las niñas mexicanas en desventaja, compromete desde la adolescencia su futura participación en carreras STEM, precisamente las mejor remuneradas y con mayor demanda. Encontramos entonces que, la noción de eterno progreso, de evolución y desarrollo sumatorios siempre es un bonito relato: la retrogradación existe y la involución es posible cuando se atienden mal los asuntos públicos, como el aprendizaje.

A esto se suma un riesgo institucional: México ha sido mencionado en medios como un país que podría dejar de aplicar PISA en próximas rondas. Renunciar a medirse internacionalmente es renunciar a la posibilidad de corregir el rumbo con evidencia, justo cuando más se necesita. Las evidencias son profundamente incómodas para el régimen.

Es importante realizar medidas perentorias y profundas de política pública educativa para cambiar el rumbo que llevamos. Por ejemplo, las siguientes:

  • Priorizar comprensión lectora crítica y razonamiento matemático aplicado en el currículo de educación básica y media superior, con métodos basados en evidencia y evaluación formativa continua, no solo memorización.
  • Focalizar recursos en las escuelas más desfavorecidas, con programas de becas, alimentación escolar, tutorías y acompañamiento socioemocional que ataquen directamente la brecha socioeconómica de 68 puntos que no se ha movido en tres años.
  • Cerrar la brecha de personal docente y materiales, garantizando que ninguna escuela pública opere sin la plantilla mínima ni los materiales didácticos básicos, condición previa a cualquier reforma pedagógica.
  • Diseñar una estrategia nacional de alfabetización digital y uso pedagógico de la IA, con lineamientos claros sobre el uso de celulares y dispositivos en clase, y capacitación docente para transformar el uso informal de la IA en aprendizaje estructurado.
  • Lanzar un programa específico para niñas en ciencias, dado el hallazgo atípico de mayor rezago femenino en esta materia, con mentorías, referentes científicas y actividades extracurriculares dirigidas.
  • Reafirmar el compromiso de México con las evaluaciones internacionales, incluyendo evaluaciones diagnósticas nacionales periódicas que permitan monitorear avances entre una ronda de PISA y la siguiente, en lugar de descubrir el problema cada tres años.
  • Evaluar el aprendizaje nacional: rumbo a la cultura de la evaluación del aprendizaje. Pensar incluso en aplicar sobremuestras estatales en estados como Michoacán, para conocer la dimensión integral de la situación que nos embarga, así como hacer evaluaciones anuales estandarizadas, comparables y válidas, de carácter censal y diagnóstico.

Y es importante hacer un enérgico llamado a la acción. No debemos seguir así, aunque ya se demostró que sí que hemos podido;

A las autoridades educativas federales y estatales: los resultados de PISA 2025 son una alerta que exige presupuesto, continuidad de política pública más allá de los sexenios, y metas medibles y públicas. Se tiene que incrementar la eficiencia del sistema educativo nacional por cobertura, gasto y, sobre todo, por aprendizajes.

A los legisladores: el gasto educativo debe traducirse en aprendizaje, no solo en infraestructura o nómina; exijan evidencia de resultados al aprobar el presupuesto educativo y llamen a comparecer a los responsables institucionales.

A directores y maestros: el aula sigue siendo el espacio donde más se puede intervenir de inmediato; el acompañamiento docente y el uso inteligente de la tecnología pueden mover estos números antes de la siguiente medición.

A las familias y a la sociedad civil: exijan transparencia en los resultados de sus escuelas y participen en la vigilancia del uso de los recursos educativos.

México necesita por fin, actuar sobre los que ya tiene sobre la mesa desde hace 25 años. No podemos seguir estancados, retrogradando ni evolucionando a cuentagotas; las niñas, niños y jóvenes de generaciones enteras pierden las alas que el aprendizaje brinda para alcanzar a ser la mejor versión de sí mismos. ¡Merecemos un gobierno educador.

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